Este fin de semana hubo grande fiesta en Zürich. Cada tres años se celebra en esta ciudad la fiesta de Zürich que en suizo se llama www.zuerifaescht.ch. El comité organizador tiene un presupuesto de la hostia y se lo gastan a lo grande: fuegos artificiales acompañados de música en directo, show aéreo con pilotos del ejercito suizo, show aéreo con helicópteros, 60 escenarios con música, comida de por todo el mundo y fiesta hasta las 5 de la madrugada. Es la superfiesta tremenda y le gana por mucho a la Streetparade que también es grande.
La pasada edición de la fiesta no la pude gozar a lo grande porque justamente ese fin de semana tenia los últimos exámenes en la universidad. Se ve que algunas veces en las universidades no manda gente muy lista. Pero este año todo iba a ser diferente. Nada de exámenes y nada de trabajo que te deja cansado el viernes.
Empecé con los preparativos para la fiesta el jueves por la noche. Me acosté no muy tarde y dormí hasta las 10 de la mañana. Me fui al gimnasio, regrese a casa, comí bien (cuanto había echado de menos la comida de mi madre en Australia) y me metí en el sobre a dormir una siesta. Una siesta? Pues si. Mi sobrinito siempre duerme su siesta y luego se levanta con una energía tremenda y no tiene parada. A mi ya no me produce el mismo efecto pero si aguanto algo mas en la faena.
Pues hala, a la ciudad a reunirse con la peña. Estaba el hombre D, su muchacha y tres Mexicanos que visitaban Suiza por razones de trabajo. Había tantísima gente que daba miedo. Zürich tiene sus 350′000 habitantes y según fuentes oficiales en la fiesta había un millón. Eso también se debía un poco al tiempo bueno. Desde hace semanas el tiempo en Suiza y media Europa da asco pero el viernes y el sábado hizo sol y calor lo que animo a la gente a apagar la tele y salir de fiesta. Ya podéis imaginar como estaban las calles.
Compramos una cerveza y nos dejamos llevar por la manada. De ahí todo se vuelve algo borroso. Me acuerdo de incontables chiringuitos, cervezas, chicas guapísimas, porritos y una cartera vacía. Regrese a casa a las 5 hecho polvo.
El sábado salí con otra peña con la intención de reunirse con otras peñas pero había tanta gente que fue imposible, una lástima. Empezamos a las 7 bajando por el Limmatquai, echamos un vistazo en el Supibar al lado de la tienda McDonalds, saludamos a Ronald McDonalds que estaba pinchando un house de categoría y subimos al Lindenhof para descender hasta el ayuntamiento y seguir por la orilla del lago hasta el jardín chino.
En anteriores ediciones había mucha música hiphop por allí pero este año no. Dominaba la música electrónica lo que me gusta mucho mas. Miramos los fuegos artificiales y a mover las caderas. El DJ estaba pinchando de puta madre y la gente estática. De vez en cuando el DJ agarraba el micrófono y decía “Hiphop my ass!!” y la gente aplaudía. Estoy de acuerdo con el, hiphop es una mierda y eso: Hiphop my ass too!!
Justo cuando estaba diciendo eso pasaron cinco gangsters de esos con pinta de una película barata de la Bronx. Negros, vestidos de blanco con la ropa varias tallas muy grande, todos igual como si fuera una uniforme, varias cadenas y anillos y unas gafas de sol con lucecitas que parecían de la época Disco. Al ver esos payasos me pregunte ¿donde habrá quedado la individualidad y el buen gusto? Hiphop my ass!
Nos dejamos llevar por la muchedumbre y caminamos sin rumbo. Donde había buena música y buena gente nos parábamos, tomábamos un trago, le ensenábamos a la gente como se baila bien y seguíamos al próximo chiringuito. Así paso la noche y llego la madrugada y la gente seguía con ganas de fiesta. A las 4 de la madrugada todavía había tanta gente por las calles que era difícil avanzar y cuando fui al cajero a llenar la cartera tuve que hacer cola. Increíble.
Así que ya sabéis, si estáis en Zürich en el año 2010 organizad el viaje para que coincida con la fiesta. ¡No os vais a arrepentir!