Ya ha pasado bastante tiempo desde que publiqué el último post, pero todo tiene su causa. Las últimas semanas he estado pensando mucho. Bueno, he estado pensando mucho en los momentos en los que no estaba borracho o fumado, pero igualmente he estado pensando.
Hace unas semanas se murió Vierán, un buen amigo mio. Le dio un infarto de repente y se acabó. Cuando me dieron la noticia no me lo creía. ¿Un infarto? ¿A 27 años de edad? ¡Venga ya, eso es imposible!
Pues no lo es. No importa que seas joven. No importa que no tengas estrés. No importa que hagas deporte. ¡Ni siquiera importa que veinte minutos antes de darte el infarto hayas ganado un partido de tenis! Te da un infarto y cinco minutos mas tarde estas muerto. Así de fácil y así de triste.
El día siguiente fue una experiencia muy extraña. Me sentía bien y de repente me entraba una tristeza infinita en el alma. Al cabo de una hora volvía a estar de buen humor y de repente regresaba la tristeza. No trabajé mucho ese día.
Los siguientes días me fui acostumbrando al hecho de que Vierán ya solo existía en mis recuerdos. La muerte es así, se lleva a los seres queridos y te deja a ti pensando. Después de todo es lo único que puedes hacer. Pero no hay nada que puedas cambiar.
Una semana mas tarde asistí al funeral. El cura hablo muy bien y no se metió en la religión. Nada de frases como “ahora esta en un lugar mejor”, “dios lo ha llamado” o “seguro que esta sentado en una nube mirándonos”.
Conociendo a Vierán lo mas probable es que esté sentado en una nube fumando un porro y riendo. Son dos cosas que lo caracterizaban. Fumaba mucho y nunca estaba de mala leche. Sinceramente no me recuerdo de haberlo visto mosqueado ni una sola vez en los catorce años que lo conocí.
Cuando el cura terminó con su discurso enterraron la urna con las cenizas. Al ver la cruz con el nombre y las fechas de Vierán grabadas me dio un golpe. En ese momento finalmente realicé que nunca mas volvería a ver a Vierán. Nunca mas. Lo sabía desde el día que se había muerto pero no lo había realizado. Todo es como una mala pesadilla.
Lloré por primera vez desde hace años. Hasta ese momento no sabía que era capaz de llorar por la muerte de un amigo. No me arrepiento ni me da vergüenza.
Ahora finalmente ha empezado el verano en Suiza. Todos los barrios de Zürich montan una fiesta y los pueblos al rededor de Zürich no son menos. Durante los últimos diez años solíamos acudir a esas fiestas y pasarlo bien juntos. Este año por primera vez, Vierán no va a estar con nosotros.
En fin, la vida va adelante y no hay nada que cambiar. Una cosa me ha quedado muy clara: La vida es demasiado corta para hacer tonterías o rodearse de gilipollas. Hay que gozar de lo máximo, con los seres queridos y sin saltarse una fiesta. No sabemos cuanto tiempo nos queda, en cinco minutos todo puede haber terminado.
Como decía Blanca Portillo en la película Volver: “Siempre me acuerdo de el cuando fumo un porro”. Así que aquí se acaba el post de hoy y me voy a fumar un porro. ¡Va por ti Vierán, estés donde estés!